¿Cómo surge? Históricamente la animación surge como una alternativa superadora de
los límites de las salas teatrales, por un lado, y de los de la educación tradicional, por
otro.
Prácticamente a la par que las incursiones de la animación en el ámbito educativo o en
el día a día, como la organización de talleres en horario no escolar en los centros
comerciales, por ejemplo, se empieza a ver diversas acciones de animación
sociocultural en barrios y comunidades de diferentes países europeos que utilizan la
animación como instrumento principal de intervención. Nuestro interés parte de la
base de comprobar cómo el teatro en sus diversas manifestaciones, como es el show-
teatral, se revela como una de las actividades con mayor presencia en los programas
de animación socioculturales.
No obstante, existen otros tipos de animación que desde Atakama se desarrollan. Se
aplica a través de las diferentes expresiones artístico-culturales, tales como la música
en pasacalles o espectáculos, como el de San Jorge en Cáceres, la literatura a través de
talleres específicos. Por tanto, desde el punto de vista cultural, se puede afirmar que
existen diferentes tipos de la animación sociocultural, ya que surge de la intersección
entre dicha función y cada una de las expresiones artístico-culturales sobre las que
aquella se aplica. Por tanto, uno de los rasgos más definitorios de ella es su carácter
procedimental, debido a lo cual esta disciplina no tiene un objeto propio o específico,
sino que se lo aportan los diferentes ámbitos y recursos en y con los que se aplica.
Cuando la animación recae sobre el teatro, se convierte en su instrumento.
Por tanto, el punto de partida de la animación puede ser diverso, pero todos tienen un
fin, la capacidad motivadora y las posibilidades socioeducativas para poner dicha
manifestación artística al alcance de todos, mediante estrategias participativas, lúdicas
y grupales. De este modo, las funciones de la animación cumplen su propósito y se
dirigen a motivar a la población hacia las actividades, talleres, acciones para dicho
público infantil, educando su sensibilidad y capacitando el sentido crítico,
contribuyendo, en definitiva, a desarrollar una demanda cultural que garantice una
buena aceptación y un óptimo aprovechamiento de la oferta existente, mediante la
creación de un público formado y exigente. En síntesis, esta perspectiva instrumental
de la animación posee los siguientes objetivos:
1. Educar un público culto y crítico en relación con el teatro, mediante campañas
de asistencia a espectáculos.
2. Promocionar las actividades de animación mediante la potenciación de la
demanda entre la población, a partir de la práctica y de la formación con fines
educativos, recreativos o vocacionales.
3. Desarrollar la innovación mediante la investigación en la creación de nuevos
lenguajes y nuevas relaciones actor-espectador, el aprovechamiento de nuevos
espacios dramáticos (la calle, el grupo, el barrio…) y la experimentación con
nuevas técnicas y formas de animación (talleres específicos, espectáculos de
noche, improvisaciones…)

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