Definimos la animación teatral como el conjunto de prácticas socioeducativas con personas, grupos o comunidades que, a través de metodologías se generan procesos de creación cultural y se persigue el empoderamiento de los propios participantes. A lo largo de la historia, el teatro y la animación han estado junto a la cultura, pero fuera de ella. Por eso, esta misma exclusión ha obligado a desarrollar la gran versatilidad que ambos despliegan en sus manifestaciones y prácticas. La cultura de hoy es definida como cultura vital, cultura de vida y no solo cultura artística. El nuevo modelo se actualiza a través de los denominados procesos de creación cultural, que se basan en la idea de que la cultura no es algo que únicamente las elites o los artistas pueden producir o crear, una compañía ya puede crear/organizar/producir actividades de índole como pasacalles, desfiles, espectáculos y animaciones infantiles. La creación cultural constituye un proceso colectivo de producción que, desde el bagaje cultural y tradicional de una comunidad y a través de la participación de sus miembros, procura generar nuevas actividades o procesos, situando a esa comunidad en una línea de avance y de progreso, contribuyendo a una mejora sustantiva de la calidad de vida de su sociedad. Desde los primeros años de su vida, los niños repiten las acciones que observan en su entorno e imitan lo que hacen los adultos y sus compañeros. Esto les sirve para ensayar conductas y para poner a prueba sus capacidades. La imitación es, principalmente, una acción individual que no demanda necesariamente la presencia de los otros, para su realización. La representación, por el contrario, es una acción social: la persona imita a un modelo o realiza una acción cualquiera, pero siempre delante de otras personas que observan lo que hace. Ésta constituye la condición básica para poder hablar de animación o espectáculo. La situación se podría definir como: A personifica a B mientras C lo mira. Para que se produzca una situación de animación, en concreto, se necesitan, como mínimo, dos personas: una que representa y otra que la mira. El objetivo de nuestras actividades de animación es enriquecer a las personas en uno u otro sentido, y la mejor forma de hacerlo es implementando su capacidad de relación
con el mundo sociocultural que las rodea, descubriendo, aprendiendo e integrando el mayor número de registros expresivos y comunicativos posible. Por tanto, la animación sociocultural busca que las personas se encuentren a sí mismas en la interacción con los otros; que descubran aspectos ignorados de las propias personalidades y que aprendan a rentabilizarlos en términos de mayor felicidad y equilibrio personal o interactivo; busca que aprendan a auto organizarse para afrontar un problema colectivo. En definitiva, es considerado como espectáculo tanto al que asiste como al de creación autónoma de un grupo, ya que influye a que las personas salgan de su pasividad, que se pongan en acción y que asuman o recuperen su autonomía constituye el camino metodológico que el teatro proporciona para conseguir los objetivos que persigue la animación sociocultural.

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